Burundanga de Zocotroco
José M. Umpierre

El concierto es amor.
A estas alturas, sería absurdo negar lo irrefutable. A pesar de la mucha evidencia y la experiencia en contra, no he perdido la fascinación con el enamoramiento. Encontrarme con los hallazgos del Centro de Investigación en Psicología – Área Humana de España en el tema no es nada menos que una incitación a retomar el asunto y contemplarlo desde la perspectiva que brinda el cúmulo de años.
La ciencia peninsular define el enamoramiento “como un estado emocional transitorio, caracterizado por una fuerte activación bioquímica y fisiológica, cuyo rasgo principal es el deseo intenso de unión con otra persona”. Apuntan que no es “un acto voluntario, sino una respuesta biológica y psicológica que altera nuestra percepción de la realidad, focalizando toda nuestra atención en el objeto de nuestro deseo”. Por lo que nadie elige cuándo ni dónde enamorarse.
Se propone que el enamoramiento se activa en el cerebro: se moviliza la dopamina, que activa la motivación y la búsqueda de recompense, entra en acción la feniletilamina, encargada de la energía desbordante y la serotonina hace que no podamos sacar de nuestro pensamiento a la otra persona.
Es claro que el objeto del enamoramiento suelen ser las personas. Mi propuesta es que el objeto puede ser variado y diverso. Puede uno sentir la exaltación con ideas que se enraízan en el pensar; conceptos como libertad, justicia y verdad, que influyen con duradera insistencia. A mí se me conmueve el sentimiento patrio, deslumbrado por su belleza, orgulloso de sus logros y esperanzado en su porvenir. Sentimiento que recibió extraordinario aliento con el concierto Tres Mujeres Cuatristas.

El cuatro puertoriqueño.
Emma Colón Zayas, Maribel Delgado y Fabiola Méndez le dieron sonoridad al instrumento nacional, desplegando un virtuosismo que brota de la médula de nuestra identidad. El cuatro es la bandera musical de la patria, aprendí, y no pudo decirse de mejor manera. Ejecutarlo es otra cosa. Soy un mero espectador y, como tal, no me queda más que reconocer la excelencia de tres mujeres que hicieron un despliegue singular de lo que es talento, ese que le llena a uno el pecho de orgullo , los sentidos de ritmo y el espíritu de melodía.
Juntas y, en sus momentos, cada una hizo patente la amplitud y el alcance del instrumento, que se adecuó a la samba, el fox trot, la guaracha y el mambo; no podía faltar la danza, una suite de Bach y los ritmos campesinos que destacan la singularidad sonora de los instrumentos del patio: el tiple y la bordonúa. Acompañadas de Camilo Faud, Pedro Irizarry, Neftalí Ortiz, Williann García y Omar Soto, se combinaron para dar una fiesta para los sentidos y los sentimientos que nos atan a este terruño. Uno de esos momentos que desafía el carácter transitorio del enamoramiento.
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Copyright por José M. Umpierre. Los imagenes de la publicidad del concierto y de el cuatro usado bajo el proviso “fair use” de la ley de copyright.