Burundanga de Zocotroco
José M. Umpierre
Confesiones de un Viejo Antiimperialista Realengo .

Dos poderosas naciones coquetean con la noción de imperio.
La reunión recién celebrada entre Trump y Putin en Alaska se ha visto como la gestión de dos poderosas naciones que coquetean con la noción de imperio. El término aviva un torrente de recuerdos, me regresa al 1976 cuando defendí la tesis: Imperialismo y Dominación Estructural en Puerto Rico en la Universidad Autónoma de México. Un esfuerzo para entender el modo en que el insidioso fenómeno interviene en nuestra cultura, ideología, instituciones, conducta social y el carácter personal.
Mucho ha llovido desde entonces. La resonancia negativa del imperialismo en una colonia en tiempo de recalcitraría me llevo a la modulación del termino y la búsqueda de la subsistencia en áreas de posibilidad afines a mi consciencia. Para nada a la renuncia de la tesis y, que curioso que el imperialismo reaparezca ahora, nada menos que en el New York Times.
En mi vejez sigo convencido que la contradicción es la parte mas explicativa de la naturaleza humana y que aspirar a la congruencia es un noble afán, mas no sé si categóricamente posible. Los Estados Unidos de Norte América ha sido, por decreto propio el paladín de la democracia, policía del mundo, promotor de la libertad y los derechos civiles, lo que debe ser la negación del imperialismo. Su origen fue la primera revolución en el mundo en contra del dominio imperial de Gran Bretaña. Y sin embargo, aquí estamos; Puerto Rico, junto con sus otros territorios, son testimonio irrefutable que el colonialismo vive, disfrazado de territorio no asociado.
La mentalidad Imperial (Gerard Libridian) describe un sentir que prevalece en la psiquis de unas naciones que alientan la nostalgia de grandeza y el derecho a dominar naciones vecinas más pequeñas. Y eso fue lo que se hizo patente en Alaska. Putin no es nada tímido en su gestión de subyugar territorios (Crimea, Ucrania y amenaza Polonia); Trump de partida escandalizo con la idea de Canadá, Panamá e Islandia.

El tratado de Paris de 1898: a los conquistados no se les consulta.
Aquí de imperialismo hemos tenido seis siglos, el evento reciente confirma lo que en Borinquén hemos sabido siempre: a los conquistados no se les consulta. El Tratado de París en 1898 pactó la paz de la Guerra Hispanoamericana, España, entregó los vestigios que quedaban de su imperio y Estados Unidos adquirió el suyo sin que llegáramos a la mesa.
Los imperios son tan antiguos como el o rigen de la civilización, anteceden 3500 anos antes de Cristo, logran cúspide con el Romano que se extiende casi 500 anos después DC. Luego vinieron los de. España, Inglaterra, Francia y Holanda, que comenzaron a ceder espacio al Norteamericano que se inicia formalmente en 1898. El fundamento que subyace la ideología imperialista es el racismo, que unas son mejores que otras, que unas (superiores) tienen la capacidad para gobernar y otras (inferiores) para ser gobernadas. Y de racismo en el Norte tenemos amplia evidencia de su poderosa vigencia.
En Puerto Rico, tras un primer año de gobierno militar, fue administrada por gobernadores civiles nombrados por el presidente, hasta 1952 en que se aprobó la Constitución del Estado Libre Asociado. El nuevo orden facultaba la elección de un gobierno para asuntos de interior, con un comisionado residente que tiene voz, pero no voto en el Congreso.
En esas estuvimos hasta la debacle de la deuda púbica en 2017, cuando se nombró una junta federal de procónsules para tomar las decisiones fiscales en la Isla por encima de un gobierno electo. Esa junta , que lleva 8 años a cargo del control financiero del país, recibió el golpe contundente de la remoción de 6 de sus siete miembros a instancias de las influencias de Laura Loomer y Justin Peters con Trump, por su posiciones poco favorable a los bonistas.

Las cárceles florecen para detener los perseguidos.
Lo que preocupa grandemente es que esa nostalgia por la conquista y domino como esencia de la grandeza, al presente viene acompañada de un dosis alta de autoritarismo, exclusión e intolerancia. Se hace patente en la intensificación de la militarización y represión; al momento las ciudad de Los Ángeles y el Distrito de Columbia están intervenidos y las cárceles florecen para detener los perseguidos. La defensa de la diversidad se ha convertido en anatema y los centros de intelectualidad están pagando por ello. Prueba de que el neofascismo carece de humor es que hasta los programas de comedia de la noche en tv han sido puestos fuera de comisión por agravar al líder.
Acá también se ha normalizado el escandalo y el engaño, con un gobierno que presta mas atención a la comidilla que a la sustancia, porque el estado y la economía, óigame eso es otra cosa. El deterioro de la infraestructura por falta de mantenimiento es patente. La luz viene y se va, más por la Luma por el sol. El suplido de agua potable da señales de similar insuficiencia. Los precios de necesidades básicas no bajan, ni de las medicinas. Los recortes en fondos van a hacer más escasos los servicios en salud y educación y las tarifas aun más caras las cosas.
Al presente se han gastado océanos de tinta para denunciar el curso antidemocrático que lleva la política del Norte con su presidente, y algo incomoda ser uno más. Pero, es una gota la que desborda la copa, un pelo lo que rompe el lomo del camello y si fuese mudo, reviento. El águila imperial es un pájaro de rapiña que vuela tan alto como los delirios imperiales lo faculten. Esperamos la inevitable caida.
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