Agua.

La magnitud de la falla tiene a sectores sustantivos de la población sin agua por meses.
Los reportajes periodísticos suelen estar compuestos de eventos, datos y el modo en que el evento se refleja o afecta la gente. En ese caso, el evento es la situación del agua en Puerto Rico, visto que soy parte del contingente humano afectado, el contenido afectivo es de yours truly.
Los Datos
La situación del agua en Puerto Rico se ha visto agravada recientemente por la coincidencia de condiciones para una tormenta perfecta. Es producto de una política pública que se afanó en construir y poco si algo en mantener. Lo grave es que no es solo del agua, es de la electricidad; las dos arterias vitales de la infraestructura que mueve el país. Que se descomponga ahora es grave. La magnitud de la falla tiene a sectores sustantivos de la población sin agua por meses. pues coincide con un periodo de sequía serio, fenómenos ambientales (patrones climatológicos afectados por el Niño y temporada de huracanes) y un gobierno que ni pisa ni arranca.
En junio se rompió un tubo principal que afectó el servicio a miles de usuarios del Área Metropolitana. El tubo se arregló (supuestamente) pero los problemas persistieron. En época que el pronóstico es de sequía extrema, la peor en el último siglo. La Gobernadora declaró un estado de emergencia nacional y un plan de racionamiento. La situación ha provocado la movilización de la Guardia Nacional que ha distribuido 600 galones de agua en San Juan.
Los Afectos
Vivo en uno de los sectores afectados en San Juan. La irregularidad del servicio de agua va para tres meses en que fluctúa de un hilo, a veces un chorro de esperada presión, otras nada. Llevo una semana de nada. Por fortuna cuento con dos cisternas que suplen en caso de emergencia. Sujeto a drenarlas con una bomba de mano y almacenar cubos para el uso diario. Se siente como ir a buscar agua al rio; tiene los desafíos del peso de los contenedores y el equilibrio de cargarlos hasta su lugar de mejor utilidad. Se aprende evitar los trastes que fregar, comer con los dedos y bañarse a la intemperie minimizando el uso de agua en el enjabonado y enjuague.

Lo grave es que no es solo del agua, es de la electricidad; las dos arterias vitales de la infraestructura que mueve el país.
¿Que si es una jeringa? Si. No hay duda que rompe con los hábitos y la comodidad de tener agua para la higiene, la cocina y el jardín. Tengo la suerte de que, a pesar de la edad avanzada, son gestiones que puedo hacer con autonomía. Mi solidaridad está con los que no tienen reservas y dificultades de movilidad, los que necesitan asistencia. Con los mejores deseos de que encuentren una comunidad empática.
La parte afectiva, pues un torrente. Cómo evitarlo. Emociones que van desde una profunda indignación por la ineptitud y la ineficiencia. La inconformidad se ha dejado sentir en protestas y toda clase de expresiones en los medios. El gran desafío es: como acojo el reto, cómo me enfrento a la carencia de un bien esencial. Además de la inevitable frustración, que la conciliación requiere, encuentro eco en Clint Eastwood: adapt and improvise. Hay una gestión activa que hacer, además de lamentar y protestar; la creatividad no tiene límites para ser parte de la solución, en vez del problema.
Aunque aquí sabemos de males que duran más de cien años, tampoco se puede renunciar a la idea de que la vida puede ser mejor. Me parece un buen momento para echar mano a los superlativos, apoyar y colaborar en la mejor medida posible. Reconocer la vulnerabilidad y agradecer la ayuda. Y si no debemos dejar de respirar, profundo y con frecuencia, tampoco podemos resistir sin risa. Burlarse de la adversidad, porque sabemos que hay respiros, que la vida puede ser bella, al menos capaz de dar momentos sublimes.
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Copyright por José M. Umpierre. Imagenes en el dominio público.